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"No era una hija, era una servidora": exdeportista argentina denuncia a sus padres por esclavitud y abusos intolerables

2025-03-30

Autor: Valentina

No es común que un hijo se atreva a denunciar a sus propios padres, mucho menos cuando la acusación incluye una supuesta "red criminal" que convirtió su vida en un verdadero infierno. Clara Campora Tuero, una ex Campeona Argentina de nado sincronizado de apenas 21 años, ha revelado un desgarrador testimonio que ha dejado a la nación perpleja: acusa a sus progenitores de múltiples delitos, entre ellos la trata de personas, reducción a la servidumbre, abuso sexual agravado, privación ilegítima de libertad y hasta tentativa de homicidio.

Su relato fue presentado ante la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia, donde Clara relató que su calvario comenzó desde que tiene recuerdos. "Mi padre me pegaba física y emocionalmente. Mi madre también me insultaba, me decía que no servía para nada y que nunca lograría nada en la vida", cuenta con una voz temblorosa.

La denuncia destaca una privación sistemática de derechos básicos que le han sido negados a lo largo de su vida. Clara vivió en Rosario hasta mayo de 2023, cuando finalmente se atrevió a mudarse sola a Buenos Aires. "Fui víctima de un sistema organizado de explotación familiar que me trató como un objeto de deseos de mis padres, privándome de mi libertad y dignidad", sostiene.

Sus abogados, Luciano Ortiz Almonacid y Alejandro Vartanian, afirman que la situación que describe Clara va mucho más allá de la violencia intrafamiliar. "Los hechos constituyen una dinámica de explotación que encaja con los delitos de trata de personas, en virtud de los vínculos de parentesco y la modalidad de su ejecución", afirman.

Clara agrega que el control sobre su vida era tal que fue retirada de la educación formal, supuestamente para dedicar su tiempo a deportes como el tenis y el nado sincronizado. "Me forzaron a seguir esas disciplinas sin considerar mis deseos", dice, describiendo un calvario de entrenamientos y expectativas que le impidieron desarrollar su personalidad.

La gravedad de su denuncia es evidente. "No era una hija. Era una servidora de sus necesidades", expresa Clara, subrayando que el abuso sexual fue parte de una tortuosa estrategia para mantenerla bajo control. "Los actos abusivos ocurrieron durante años en situaciones de completo aislamiento", relata, afirmando que su madre no solo consintió, sino que fomentó este sufrimiento.

"Cada golpe era seguido de insultos que destruyeron mi autoestima. Me decían que era basura y que no servía para nada", añade Clara, quien además revela que fue despojada de la posibilidad de forjar lazos amistosos o vínculos afectivos de cualquier tipo.

La joven también recuerda una experiencia particularmente traumatizante en la que su padre la golpeó tan fuerte que le fracturó el tabique nasal, dejándola sangrando y sin atención. "No pude asistir a eventos familiares o actividades sociales. Cualquier intento de buscar ayuda resultaba en castigos más severos", declaró.

Ahora, tras sus dolorosas vivencias, Clara aboga por la apertura de una causa penal. Sus abogados piden urgentemente la adopción de medidas cautelares para proteger a su clienta y asegurar que este caso sea investigado bajo los estándares internacionales de derechos humanos. La historia de Clara resuena como un grito de ayuda y una llamada a la acción, poniendo en evidencia la urgencia de proteger a aquellas víctimas que, durante demasiado tiempo, han vivido esclavizadas en sus propias casas.