Ciencia

Cómo distinguir el placer de la felicidad: Perspectivas de expertos en neurociencia y psicología

2025-04-01

Autor: Benjamín

En un mundo caracterizado por la velocidad y la hiperconexión, es cada vez más común confundir el placer con la felicidad. Esta confusión no es trivial; tiene profundas consecuencias en nuestro bienestar emocional. Expertos en neurociencia, psicología y filosofía contemporánea han llevado a cabo investigaciones que demuestran que estos dos estados no son equivalentes ni intercambiables.

El Dr. Robert Lustig, endocrinólogo de la Universidad de California, subraya que el placer y la felicidad funcionan a través de diferentes mecanismos cerebrales. En su libro "The Hacking of the American Mind", sostiene que el placer está mediado por la dopamina, un neurotransmisor relacionado con el deseo y recompensas inmediatas, que resulta adictivo y efímero. En contraposición, la felicidad está vinculada a la serotonina, que promueve la calma y un sentido de propósito duradero.

Anna Lembke, psiquiatra y autora de "Dopamine Nation", advierte que la sobreexposición a estímulos como pantallas y redes sociales ha creado una cultura que busca constantemente estos 'subidones' derivados de la dopamina. Esta hiperestimulación puede llevar a una mayor insatisfacción, agotamiento mental y una profunda tristeza.

La búsqueda incessante de placer puede dificultar la tolerancia al silencio, la rutina y el aburrimiento, todos elementos esenciales para el proceso de introspección.

Barry Schwartz, psicólogo y autor de "La paradoja de la elección", argumenta que tener más opciones no necesariamente resulta en mayor satisfacción; más bien, puede generar indecisión y ansiedad. Asimismo, la psicóloga Silvia Congost destaca que actualmente vivimos sobreestimulados y, al mismo tiempo, emocionalmente desconectados. Esta confusión entre intensidad emocional y bienestar es, según ella, una de las causas del agotamiento emocional que muchos experimentan hoy en día.

Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología en la Universidad de California en Riverside, concluye en su libro "La ciencia de la felicidad" que el 40% de nuestro bienestar subjetivo proviene de nuestras acciones diarias. Actividades como dormir bien, practicar la gratitud, evitar comparaciones, meditar y establecer metas alcanzables son estrategias que demuestran generar efectos positivos y duraderos en nuestra felicidad.

En una sociedad que valora la inmediatez y la acumulación, aprender a disfrutar de lo simple y encontrar tiempo para la pausa se vuelve casi una acción contracultural.

La filósofa Frédéric Lenoir afirma que la verdadera felicidad brota de un cultivo interno, al dejar de buscarla en el exterior. Por otro lado, el monje budista Matthieu Ricard, cuyo cerebro ha sido objeto de estudios por su notable actividad relacionada con el bienestar, sostiene que "la felicidad es un estado mental que se entrena, no un objeto que se persigue".

Apoyando estas afirmaciones, el Harvard Study of Adult Development, un estudio longitudinal iniciado por la Escuela de Medicina de Harvard, revela que el principal predictor de la felicidad a largo plazo no es la riqueza, ni la fama, sino la calidad de nuestras relaciones humanas. Conexiones emocionales sólidas actúan como un escudo contra la soledad y la declinación mental. Curiosamente, estos hallazgos han permanecido consistentes durante más de ocho décadas de observación.

Los expertos sugieren varias recomendaciones para cultivar un bienestar auténtico. Aprender a distinguir entre lo que realmente nos aporta felicidad y lo que solo proporciona placer momentáneo puede ser el primer paso hacia una vida más plena y satisfactoria. Al final, en la búsqueda de la felicidad, la clave puede estar en priorizar la calidad de nuestras relaciones y dedicar tiempo a actividades que nutran nuestro ser interior.